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miércoles, 14 de marzo de 2012

Cultura de Sevilla en... Londres (I): Museos


Londres es una ciudad de cifras apabullantes; más de diez millones de habitantes en su área metropolitana, más de cien teatros, más de trescientos museos... ¡Cómo para visitarla en un fin de semana! Sin embargo, una primera aproximación a esta gran ciudad sí que nos puede servir para empezar a conocerla, disfrutar de sus monumentos y reflexionar sobre sus puntos fuertes y débiles (estableciendo, claro está, la correspondiente comparación con Sevilla, motivo principal de este Blog). Lo primero que visita todo amante de las artes en Londres son sus dos grandes museos, el British y la National Gallery, deslumbrante el primero, exquisita la segunda.


Quizás lo que más llame la atención de estos grandes museos es la cantidad de gente que pulula entre sus salas, más que espacios dedicados a las artes, parecen grandes centros comerciales donde el arte no es más que un pretexto para llenar el edificio de potenciales clientes. Lo mejor de todo es que los museos son gratuitos, por lo que no hay afán de lucro detrás de estas maravillosas instituciones, lo que sí nos encontramos es todo un complejo cuya única misión es conseguir dinero. ¿Para qué? Pues para mantener los museos. La National, por ejemplo, se acaba de gastar más de cincuenta millones de euros en el cuadro 'Diana y Calisto' de Tiziano, una obra que ha comprado junto con la National Gallery de Escocia. De ese astronómico importe, más de treinta millones provienen de donaciones. Y es que la mentalidad inglesa no tiene nada que ver con la española en cuanto a cultura. Mientras que en Sevilla dejamos morir nuestros grandes museos, en Londres se exprime hasta la última libra para que a estos templos del arte no les falte un detalle. Nos encontramos varias tiendas dentro, sí, cafeterías, restaurantes y guardarropa, también, pero ese dinero se queda luego en el museo y se destina a ampliaciones, restauraciones y adquisiciones. En el British o en la National no te encontrarás una sala con goteras, ni una cartela torcida. En Sevilla, lamentablemente, es lo normal. 


Otra gran "idea" que nos encontramos en los museos londinenses es el hecho de propiciar que el visitante entregue un donativo, sea cual sea, lo que estime oportuno. En las entradas, en el hall, a la salida, nos encontramos una serie de huchas donde se te sugiere que contribuyas a mantener el museo. Quizás si en Sevilla se colocaran este tipo de recipientes, nadie echaría un sólo euro, pero resulta escandaloso que un museo como el Bellas Artes de Sevilla tenga que mantenerse con el ridículo presupuesto asignado por la Junta de Andalucía, sin mayores colaboraciones ni donaciones. Lo peor de todo es que no sólo no se fomenta que el patrocinio privado ayude al mantenimiento de las instituciones culturales españolas, sino que se le ponen todas las trabas posibles a aquellos pocos "locos" que osan intentar colaborar (que se lo digan a Mariano Bellver).


Otro aspecto que me llamó la atención de los museos londinenses es la seguridad. En cada sala te encuentras a una persona sentada velando por el correcto funcionamiento del museo, aquí podríamos contar con los dedos de una mano el personal destinado a tal efecto. Y claro, luego ocurren las cosas que ocurren, que desaparecen cruces y nadie sabe qué ha pasado. Hagamos cuentas, una persona por cada sala, más las personas que trabajan en tiendas, cafetería, restaurantes, guardarropa... Nada más que en personal cada museo se gasta una suma importante, pero se busca dar un buen servicio. Y no olvidemos que la entrada es gratuita. Comparemos con Sevilla... desolador.


El British Museum y la National no son más que dos joyas dentro de un valioso y variado joyero en el que nos encontramos maravillas como el Victoria&Albert Museum (si nuestro Artes y Costumbres se pareciera aunque fuera un poquito...) o el de Ciencias Naturales. Edificios monumentales que atraen a una gran cantidad de público ansioso por conocer, disfrutar y, por qué no decirlo, dejarse el dinero en sus instalaciones. En Sevilla contamos con la materia primera, grandes y espectaculares museos con obras de primera categoría en edificios monumentales. ¿Qué falla? Evidentemente la gestión y la mentalidad. Hace falta un cambio, pero tan mayúsculo, que quizás debamos conformarnos con viajar y conocer lo que jamás tendremos aquí. Al menos podremos soñar con que algún día nuestros museos dejarán de ser mausoleos medio en ruinas para convertirse en centros de difusión donde la gente vaya a empaparse de Cultura.

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