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lunes, 9 de enero de 2012

Jugando a las casitas

La historia reciente de la desacralizada iglesia de Santa Lucía es un no parar de sobresaltos, por no hablar del malgasto de dinero público invertido en los sucesivos caprichos del consejero de cultura de turno.

El templo reabrió como Espacio Iniciarte, dedicado al arte emergente, en noviembre de 2007. Tras varias exposiciones y sin tener en cuenta el dinero invertido en adecuar el espacio a usos expositivos, el nuevo consejero de Cultura, Paulino Plata, decidió que ya estaba bien de montar exposiciones raras y que lo mejor era cerrar el edificio para ahorrar gastos. Corría el verano de 2010.

No tardó Plata en buscarle un nuevo uso a Santa Lucía, en septiembre de 2010 abría sus puertas como lugar de ensayo para la Agencia Andaluza del Flamenco, una entidad que no se sabe muy bien qué hace, pero que se apropió de la Casa de Murillo y de la antigua iglesia para sus fines. Por supuesto, la adaptación costó un dinero, que en esta vida nada sale gratis.

Pues bien, por lo visto la sala de ensayos no debía estar muy solicitada ya que también se ha cerrado. ¿Y cuál será el nuevo uso para el vetusto edificio? Pues como ya adelantamos en noviembre del año pasado, aquí se ubicará la sede del Centro de Documentación de las Artes Escénicas de Andalucía, un fondo que ocupaba parte de las instalaciones del centro de la calle San Luis, pero que fue cerrado por obras sin que haya fecha de reapertura. Para facilitar su consulta, se ha pensado en Santa Lucía como sede ¿permanente? ¿Y por cuánto nos saldrá la broma? Pues nada más y nada menos que por 257.000 euros que ya han sido adjudicados.

Gastar, gastar y gastar. En apenas tres años este edificio ha tenido tres usos con sus correspondientes inversiones para readaptarlo. Todo ello en época de crisis y cuando se está recortando de lo lindo en todas partes con la excusa de que no hay dinero. ¿No sería mucho más sencillo haber dejado Iniciarte en Santa Lucía? ¿Para qué se invierte dinero en algo que se cierra a los pocos meses? Es la política del gastar por gastar a la que nos tienen tan acostumbrados nuestros políticos. Lo peor de todo es que mientras en algunos sitios se gasta en grandes exposiciones (como las que acoge el Picasso de Málaga) aquí en Sevilla se malgasta el dinero en caprichos y se deja al Bellas Artes, por poner un ejemplo, sin nada que ofrecer.

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