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jueves, 8 de octubre de 2009

Pabellón de Portugal

Uno de los edificios más espectaculares que nos legó la Exposición Iberoamericana de 1929 es el Pabellón de Portugal, situado junto a lo que fue entrada monumental del recinto.
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En un principio la Exposición se ideó para hermanar a España con sus antiguas colonias, por lo que Portugal no participaba en la misma. Sin embargo, en 1921, nuestro estado vecino pidió a la Organización formar parte de la Muestra. Un año después se aceptaba su petición pasando la exposición a llamarse Iberoamericana (antes tenía el título de Hispanoamericana) y permitiendo la participación también de Brasil, colonia portuguesa y Estados Unidos.



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Tras la elección del lugar donde se levantaría el Pabellón y la decisión sobre qué tipo de representación querían en Sevilla, el estado portugués convocó el concurso para la construcción del edificio que ganarían los hermanos Carlos y Guillermo Rebelo de Andrade con un edificio que reinterpretaba uno de los períodos más ricos e importantes del país luso, el reinado de Juan V en la primera mitad del siglo XVIII. El edificio se diseñó con una fachada monumental que daba a la Glorieta del Cid y un lateral alargado que corría paralelo a la actual avenida de Portugal. El diseño constaba de una parte permanente (el actual edificio) y una serie de construcciones efímeras que serían derribadas tras la Exposición.
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Ya en el interior del edificio, de pequeñas dimensiones, nos encontramos con un fantástico vestíbulo que si bien tiene la decoración justa en sus paramentos, su techo está formado por una armadura de madera con casetones decorados con los escudos de las diferetes ciudades portuguesas y sus colonias que armoniza la decoración del espacio. Todos los materiales empleados en el Pabellón fueron realizados y traidos desde Portugal: piedra de Viana, mármoles de Estremoz, azulejos, maderas, forjas y vidrieras.
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Desde el vestíbulo accedemos a la galería posterior donde se encuentran las escaleras que comunican con el segundo piso. Desde este espacio se accedía en su día al gran patio que comunicaba con el resto de los edificios que conformaban el Pabellón luso. Hoy en día la puerta da a los jardines que quedan rodeando el edificio, tan sólo una mero reflejo de los impresionantes jardines que tuvo en su momento y que no estaría mal recuperar, pues existen fotografías de cómo eran.
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Llegamos a las escaleras, con posamanos y decoración de madera y coronadas con pinturas alegóricas de las Artes, la Agricultura o el Comercio.
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Tras atravesar una galería gemela a la del piso inferior, llegamos al gran espacio del Pabellón, el Salón Noble, una de las joyas ocultas de nuestra ciudad y que bien merece una visita sea cual sea la excusa. Las fotografías no hacen justicia a la belleza de este espacio, decorado con molduras doradas, apliques metálicos que iluminan la sala y pinturas alegóricas de los continentes en los que Portugal tenía presencia a través de sus colonias. La cúpula que remata el Salón es sencillamente espectacular y en nada desmerece a la fabulosa cubierta del exterior del Pabellón que le sirve de techo.


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Volvemos a la galería exterior para descender las escaleras y culminar la visita. Un edificio pequeño pero que sin duda hará las delicias del visitante.
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Por último, la puerta que en su día daba acceso al patio principal del Pabellón, hoy desaparecido.
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Fotos_David Barco y Culturadesevilla
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2 comentarios:

David dijo...

Que bien! Estaba esperando este reportaje! Desde el día que fuimos. Muy bien explicado Sergio!

un abrazo

Sevalber dijo...

Esta ciudad está repleta de joyas desconocidas por la gran mayoría de los sevillanos.

Muchas gracias por el reportaje.