lunes, 26 de marzo de 2018

El patrimonio industrial como oportunidad y reto

Naves industriales construidas por Aurelio Gómez Millán en 1926 en la calle Fernando Tirado (Nervión)


El anuncio de derribo de las naves industriales construidas por Aurelio Gómez Millán en 1926 en la calle Fernando Tirado de Nervión me da pie para hablaros de un proyecto que se inauguró hace unos meses en Valencia y que no deja de acaparar titulares, el Centro de Arte Bombas Gens.



Vista aérea del Centro de Arte Bombas Gens. Imagen de Ramón Esteve, arquitecto de la restauración (fuente)


En julio de 2017 abría sus puertas, tras varios años de obras, el Centro de Arte Bombas Gens de Valencia, en el barrio de Marxalenes. Con sus 6.000 metros cuadrados, se ha convertido en uno de los nuevos referentes artísticos de la capital del Turia. Tras el proyecto está la Fundació Per Amor a L'Art, formada por dos empresarios valencianos. El edificio de Bombas Gens es un atractivo complejo industrial de estilo Art Decó construido en los años treinta del siglo pasado por el arquitecto Cayetano Borso di Carminati. Durante el transcurso de las obras de restauración no han dejado de aparecer sorpresas que, por un lado, posponían la fecha de apertura, pero que por otro añadían nuevos espacios al centro de arte, como un refugio antiaéreo de la Guerra Civil o una bodega del siglo XV que formaría parte de una antigua alquería (finca agrícola típica de la zona del Levante español).

El objetivo de Bombas Gens es doble ya que, además de exposiciones y actividades culturales, también tiene su componente social y de investigación de enfermedades raras. Las distintas naves industriales se han reconvertido en amplias zonas expositivas donde la Fundación da a conocer su colección y lleva a cabo colaboraciones con otras entidades artísticas. Detrás del proyecto hay pesos pesados del mundo del arte como Vicente Todolí (exdirector de la Tate Modern de Londres) o Nuria Enguita (exdirectora de la Fundación Tàpies de Barcelona). La última inauguración se producía hace apenas unos días cuando se abría al público el jardín del centro de arte con una instalación específica de la escultora Cristina Iglesias.


Interior de una de las naves de Bombas Gens. Imagen de Mònica Torres para El País (fuente)


Darle un nuevo uso al patrimonio, a cualquier tipo de patrimonio, siempre supone un gran reto. Sobre Bombas Gens planeaba hace unos años un proyecto para convertir el edificio en un centro comercial, sin embargo la compra por parte de Susana Lloret y José Luis Soler (dueños de marcas como Bosque Verde o Deliplús) le dio un rumbo radicalmente distinto al proyecto. El patrimonio industrial, por su propia concepción, está más abierto que otras tipologías arquitectónicas a un cambio de uso. Sus espacios normalmente diáfanos y de grandes dimensiones permiten una mayor adaptación a fines distintos a los originales, pero también es cierto que su valoración es demasiado reciente y son muchos los edificios industriales que han sido víctimas del desarrollo urbanístico.

En Sevilla quizá no tenemos el dinamismo industrial y empresarial que hay en otras ciudades. Tal vez sea más complicado que un empresario destine parte de sus ganancias a comprar un edificio histórico, lo restaure y lo abra al público con un contenido sociocultural, pero ello no debe ser óbice para que nos planteemos la conservación de este tipo de edificios. Hasta ahora, en Sevilla, el mantenimiento del patrimonio industrial ha estado al albur de las circunstancias. Edificios como la Fábrica de Artillería, la de Vidrio o las naves de San Jerónimo han contado con el beneplácito de las administraciones para su salvaguarda, pero otros como la fábrica de Ballestas de la avenida de Miraflores o estas naves de la calle Fernando Tirado no han corrido la misma suerte y han acabado desapareciendo para dar pasos a promociones inmobiliarias. Evidentemente no podemos convertir todo edificio industrial en un centro de arte (aunque Nervión, por ejemplo, no tiene ninguno) pero sí que se podrían utilizar estos edificios para equipamientos públicos que presten un servicio a la ciudadanía: colegios, ambulatorios, bibliotecas o centros cívicos. Las naves de la calle Fernando Tirado no cuentan con ningún tipo de protección y por lo tanto su derribo es completamente legal, pero, ¿y si para cuando nos demos cuenta ya es demasiado tarde y hemos perdido gran parte de nuestro legado patrimonial?

1 comentario:

Gabriel Maestre dijo...

Totalmente de acuerdo, Sergio. Siempre me he preguntado ¿por qué en Andalucía, donde hay mucho patrimonio y poco dinero,no se tiende más a menudo a reconvertir edificios patrimoniales en equipamientos públicos -con un criterio de eficiencia y buen uso, claro está- en vez de construir edificios nuevos? Así se 'matan dos pájaros de un tiro', ya que el patrimonio, al menos el más valioso, debe ser conservado de todas formas. Un saludo