
De la antigua Casa de la Contratación apenas queda el nombre. El imponente edificio que vemos hoy en día en la plaza con ese mismo nombre es, a pesar de su historicismo, un ejemplo de la arquitectura que se realizó en Sevilla en los años ochenta tras la terrible destrucción a la que había sido sometida la ciudad desde los años cincuenta hasta los setenta. Del edificio del siglo XVI no quedan más que algunos arranques de muros. Sin embargo, la actual sede de las consejerías de Gobernación y Justicia guarda en su interior uno de los jardines islámicos más antiguos de cuantos se conocen en España.

La Casa y Audiencia de la Contratación fue fundada por Real Cédula de la reina Isabel la Católica el 14 de enero de 1503. Mediante su creación, se pretendía regular todo lo relacionado con las Indias concentrando las decisiones que atañían a los nuevos territorios en una sola Institución. Por su relación con América, Sevilla fue elegida sede del nuevo organismo. En un principio se pensó ubicarla en las Reales Atarazanas, sin embargo finalmente se optó por esta zona de los Alcázares, en un edificio que pertenecía al mismo pero que gozaba de cierta independencia. Entre los muros de la nueva Casa de Contratación se llevó a cabo la primera cartografía del Nuevo Mundo, en la que participaron Américo Vespucio, Juan de la Cosa y Hernando Colón, también aquí se planificaron grandes gestas de la historia de la Humanidad como la expedición de Núñez de Balboa que culminaría con el descubrimiento del Océano Pacífico (1513) o la de Magallanes y Elcano que supondría la primera vuelta al Mundo (1519-1522). Durante décadas Sevilla fue capital de un gran imperio que se extendía por todo el orbe, pero las dificultades para remontar el Guadalquivir, con unos buques cada vez más pesados y de mayores dimensiones, hicieron que Contratación se trasladase a Cádiz en 1717. Fue el principio del fin de la importancia de Sevilla como capital comercial. La institución desaparecería unos años después, cerrando definitivamente sus puertas en 1793.

Curiosamente, si en 1793 echaba el cierre la centenaria Institución, en 1973 comenzaban las obras de construcción del nuevo edificio que se alzaría sobre el solar que había ocupado su sede en Sevilla y cuyo destino era la delegación del Ministerio de Obras Públicas. Rafael Manzano, conservador en esos momentos de los Reales Alcázares, se encargó de las excavaciones arqueológicas previas a la construcción del edificio apareciendo un jardín de crucero de época musulmana del cual se conservaban los parterres decorados con arquillos ciegos y parte de los pórticos norte y sur. Los estudios posteriores han identificado este jardín como uno de los palacios que levantaran los abbadíes durante su reinado taifa en Sevilla, dentro del recinto del Al_Mubarak.

Los extremos este y oeste del patio son de nueva construcción, mientras que el primero hace medianera con los muros del Alcázar, el oeste es la fachada trasera del edificio que se construyó en los años ochenta. La estética empleada en el nuevo edificio es completamente historicista, con galerías de madera, tejados, mansardas e incluso dos torrecillas rematadas por cubiertas a cuatro aguas decoradas con cerámica. Nada que ver con la arquitectura desarrollista de las décadas precedentes. Sevilla con este edificio quería sanar sus heridas tras la pérdida de tantísimo patrimonio a manos de una mal entendida modernidad.
Desde la planta superior se observa a la perfección el jardín, con sus albercas formando cuatro parterres con árboles frutales y la interesante disposición de los andenes, formando en su centro un recinto circular con una fuente, perdida con el tiempo, pero sustituida por la actual para dar una idea de cómo era el recinto en el siglo XII.


Descendemos al Jardín de Crucero, excavado y restaurado en los años ochenta y cuyas obras culminaron con motivo de la Exposición Universal de 1992 cuando el edificio pasó a depender de la consejería de Obras Públicas. Las excavaciones arqueológicas depararon una gran sorpresa, bajo el solar de la antigua Casa de la Contratación no se conservaba un único jardín, sino dos superpuestos. El más antiguo se remonta al siglo XI y pertenecía al palacio abbadí, el segundo es una reforma del siglo XII llevada a cabo por los almohades. De hecho, se cree que estos últimos remodelaron en dos ocasiones el espacio, readaptando el jardín existente primero y construyendo el actual después. Por ello se conservan a día de hoy solerías, azulejos, decoración parietal y pinturas murales de ambos períodos.

Durante las obras de consolidación del jardín, Rafael Manzano llevó a cabo una tarea de reconstrucción de los extremos norte y sur del jardín por medio de la anastilosis. Gracias a los arranques de los muros, las bases de pilares y columnas o los restos decorativos de yeso pudo levantar el testero norte (imagen inferior) diferenciando entre lo original y lo moderno, pero siempre manteniendo la misma estética para lograr la armonía del conjunto.

En el pórtico se reconstruyó el acceso bajo triple arcada que en su día daría a la sala norte del conjunto. Quizás sea necesario recordar que cuando se habla de "palacio" en la época islámica, se hace referencia a un recinto distribuido en torno a un patio con varias estancias alrededor de él. Por tanto, un palacio puede estar formado, perfectamente, por el jardín, dos pórticos y sus respectivas salas anexas. El muro que vemos en el que aparece la triple arquería sirve de medianera con la casa de la calle Miguel Mañara y existe la posibilidad de que la sala original almohade permanezca embutida en la actual construcción.

La decoración que vemos en la imagen inferior es la que se encargó de recuperar Rafael Manzano a partir de los restos encontrados en una escombrera tras la demolición de la antigua Casa de la Contratación. La tipología es similar a la que vemos en los muros de la Giralda y no extrañaría nada que Aníbal González se inspirara en ella para el juego de arcos que diseñó para el vestíbulo del actual Museo de Artes y Costumbres Populares (1915).
Al otro extremo del patio tenemos una fachada completamente reconstruida por Manzano. Del testero sur no se conservaban más que los arranques de los pilares y las bases de las columnas y a raíz de ello, se diseñó todo el pórtico para dar continuidad argumental al Jardín, en clara referencia al que tiene en frente pero sin copiar su decoración.
En el pórtico sur se conservan algunas de las pinturas extraídas de los parterres, quedando en su lugar original aquellas que se encontraban en mejor estado y que pudieron ser consolidadas.
Decíamos que la sala norte podría estar embutida en el edificio de la calle Miguel Mañara, en el extremo sur sí que pudo ser reconstruida esta sala atendiendo a los restos conservados dando actualmente una imagen bastante fidedigna de lo que pudo haber en época almohade.

Los estudios realizados sobre este jardín arrojan cierta luz sobre su evolución en el tiempo. Posiblemente el palacio taifa (siglo XI) construido en esta zona fuera destruido por los almorávides a su llegada a Sevilla. Posteriormente, los almohades (siglo XII) fijaron la capital de su imperio en la ciudad y eligieron los reales Alcázares como residencia de sus monarcas. En este momento se lleva a cabo una recuperación de todo el recinto, incluyendo este antiguo palacio del que se conservarían una parte de los jardines. Los almohades respetaron en parte lo heredado (como las albercas de los lados norte y sur) pero construyeron el original jardín de crucero que vemos hoy en día en el centro del espacio. Se ha manejado la hipótesis de que la primitiva alberca del lado sur fuera cegada en algún momento del siglo XII debido a la diferencia de altura entre el pavimento de los andenes y el pórtico, pero no se sabe a ciencia cierta si se llegó a hacer tal reforma.

En el interior de los parterres nos encontramos una rica decoración a base de arquillos ciegos, similares a los que fueron recuperados hace unos años en el Patio de las Doncellas de los Alcázares y fechables hacia la misma época (segunda mitad del siglo XII). La pintura mural se ha conservado tanto en el intradós de estos arcos como en las primitivas albercas, hoy en día sin agua para permitir su conservación.
Complementario al estudio arqueológico, se realizó un análisis del polen hallado en las excavaciones para tratar de averiguar qué especies hubo en este jardín. Sin embargo, la continua transformación del mismo, así como el removimiento de tierras hizo imposible obtener datos concretos. Se optó por el naranjo como árbol frutal por excelencia en los jardines musulmanes y hoy en día los podemos ver refrescando el espacio y en compañía de cuatro altas palmeras ubicadas en cada uno de los cuatro parterres.

Con esta visita, hemos podido conocer una de las grandes joyas ocultas de la ciudad. Lamentablemente su uso administrativo (primero como delegación de Obras Públicas y actualmente perteneciente a Justicia y Gobernación) no permite el libre acceso de la ciudadanía para contemplar el Jardín. Desde este Blog volvemos a insistir en la necesidad de planificar horarios y actividades de difusión para que la ciudadanía disfrute de su patrimonio, un legado que paga con sus impuestos y que, en muchas ocasiones es muy complicado conocer. Sólo se valora aquello que se conoce, y en esto las administraciones tienen mucho camino por recorrer todavía.
Desde Cultura de Sevilla quiero agradecer esta visita a aquellas personas que la han hecho posible y gracias a las cuales podemos mostrar estas imágenes para que la ciudadanía conozca lo que se oculta tras la monumental fachada de la plaza de la Contratación.
Bibliografía: "El Jardín musulmán de la antigua Casa de Contratación de Sevilla". Intervención arquitectónica. Recuperación de las pinturas murales. Junta de Andalucía, Consejería de Obras Públicas.